jueves, 21 de agosto de 2014

CAPÍTULO 12: EL MALVADO SEÑOR DE LUC

Anochecía, y Azul no podía volver a su apartamento, tenía un niño llorón en brazos y la policía sospechaba de él. Se alegró cuando Luna lo llevó a un apartamento en una zona de la ciudad que él no conocía. Luna y sus aliados cuidarían de Víctor. Lo esconderían en el piso franco hasta que conocieran las intenciones del Director.
“Tú, no obstante, vas a tener que ir a los estudios, a la entrevista que ha concertado contigo el Director.”
De nada servía protestar. El Director ya había hallado otras veces a victimas escondidas y no habían acabado bien. Tenía más posibilidades de sobrevivir si le seguía el juego y superaba la prueba. Eso creía Luna, al menos. Además, había una posibilidad de que el Director hubiera cometido fallos en su plan, y la única forma de explotarlos era aceptando su reto.
“El Director es intocable. Tiene demasiados contactos e influencias como para poder acusarle directamente. Hasta ahora atrae víctimas a un estudio de televisión, les plantea una prueba que, según él, pueden superar, y les graba. Envía las grabaciones por un canal anónimo. Extraoficialmente, todos saben quién ha enviado el video. Oficialmente, nunca ha habido suficiente como para acusarle.”
Azul-Pedro Gómez, con identidad y cara postizas, fue al Estudio de Televisión temprano por la mañana. No había tenido una buena noche. No solo había sido el peor día de su vida, sino que no había ido a trabajar ni había hecho nada de lo que solía hacer, todo estaba desordenado en el piso franco…
Le esperaban en el despacho del señor De Luc. Había dos matones, probablemente armados, y un hombre, presumiblemente De Luc, en la mesa del despacho. ¿Sería este el infame Director?
“Bienvenido, señor Gómez. Le estábamos esperando. Por favor siéntese, empezaremos cuanto antes”.
Antes de que Azul pudiera protestar, el gorila de la corbata roja le obligó a sentarse, mientras que el otro cerraba las persianas. Unos fuertes focos se encendieron, cegándole. Entonces se oyó un clic, que anunciaba que una cámara había sido encendida.
“Tenemos ante nosotros a un nuevo concursante, el señor Gómez. Salude a la cámara, señor Gómez. Al señor Gómez se le acusa de haber secuestrado un niñito, a nadie menos que el pequeño e indefenso Víctor Rouge.”
Naturalmente, aunque Azul trató de responder que el criminal era el Director, y no él, su misterioso entrevistador siguió hablando.
“La policía sospecha de usted, y los Rouge pedirán su cabeza en una estaca. Ambos habrán enviado a sus hombres tras de usted ¿En que estaba usted pensando? No obstante, tiene usted una oportunidad para redimirse. Tiene 24 horas para devolver al niño a su hogar. Tiene una gran baza a su favor, y es que ni su nombre es realmente Pedro Gómez, ni su cara es realmente la que están viendo, queridos espectadores. Así pues, la persecución comenzará en pocos minutos. Ya hemos llamado a la policía, y viene hacia aquí.”


jueves, 14 de agosto de 2014

Cap. 11: Fugitivo

La curiosidad sobre la identidad y las intenciones del extraño embargaba a Azul, pero su cautela y sentido de conservación de la propia vida eran más poderosas (“La curiosidad mató al gato” era una de sus máximas principales). Así pues, decidió olvidar al misterioso individuo y proseguir con lo que estaba haciendo.
Entró en la oficina de correos y, tras hacer cola un par de minutos, preguntó si había algún paquete a nombre de José García. Su nuevo nombre no estaba hecho para llamar la atención, ciertamente.
Mientras la mujer que lo atendía hacía las comprobaciones de rigor, sonó el móvil de Azul. El suyo, no el de José García. Los nervios volvieron a apoderarse de nuestro protagonista, que rápidamente descolgó sin preocuparse de comprobar el número que llamaba.
  • ¿Sí? - respondió, algo temeroso.
  • Azul, soy Luna, ¿te acuerdas de mí?
Por una vez, Azul hubiera deseado que se tratara de un pesado comercial intentando convencerle de cambiarse de compañía telefónica. Evidentemente, no era el caso.
  • S-sí, claro. No... no recuerdo haberte dado mi número.
  • Tenemos nuestros métodos para conseguir cierta información. - explicó Luna. - Escucha, tengo noticias, y no te van a gustar.
Azul ya no sabía ni qué responder, y además estaba ocupado tratando de sujetar al niño mientras enseñaba su nuevo carné de identidad para recoger el paquete, que era algo más grande de lo que había imaginado.
  • ¿Azul, me escuchas?
  • Sí, disculpa. - se excusó al tiempo que abandonaba la oficina de correos.
  • Bien. No te asustes, pero estás en busca y captura.
  • ¿QUÉ?
  • Un testigo te vio abandonar el edificio en el que vives con un bebé en brazos. Eso, unido al estado en que quedó tu casa y a la desaparición de Víctor Rouge, te mete de lleno en la lista de sospechosos del secuestro. Y también está la pistola, claro...
  • ¡La pistola, maldita sea! ¡La olvidé!
La mala suerte que parecía perseguir a Azul los últimos días solo podía compararse con su propia torpeza, pensó.
  • Parece ser que esa pistola podría haberse utilizado para eliminar al vigilante nocturno de la mansión de los Rouge.
  • Fantástico, así que además de secuestrador también soy asesino...
  • Tranquilízate. - pidió Luna. - Es Azul a quien buscan, y tú ya no eres Azul, ¿cierto?
  • Eh... supongo.
  • Debes deshacerte de cualquier cosa que te relacione con Azul, empezando por este teléfono. Supongo que El Director te habrá proporcionado otro, y también algo con lo que modificar tu aspecto.
  • Sí, tengo otro móvil, y supongo que el paquete que acabo de recoger tendrá que ver con lo otro.
  • Compruébalo. Y dame tu nuevo número para que podamos seguir en contacto.

Azul se metió en un callejón poco transitado, donde aprovechó para buscar el número de su nuevo teléfono y comunicárselo a Luna. También procedió a abrir el paquete. En efecto, en su interior había todo lo necesario para ocultar su auténtico rostro: máscaras, postizos, pasamontañas y hasta un set de maquillaje...

martes, 12 de agosto de 2014

Cap 10: El show de Azul

Entrega de parte de Adrián Jarne


  Azul leyó las instrucciones por encima, llegó a la conclusión de que el juego era una completa locura. Pero que otras opciones tenía, el juego de El Director le tocaba a él, y no podía oponerse al villano más listo que ha visto el mundo. Como siempre, El Director se había asegurado de que pareciese un guión de una película. ¿Acaso estará grabando sus movimientos?¿Acaso habrá más gente implicada en esa extraña película?
  Al igual que las películas, esta exigía una presentación del protagonista, y para ello estaba escrita la primera instrucción. Debía presentarse al mundo, para ello tenía que conseguir captar la atención de todos los espectadores de la extraña película. Y para eso, debía aparecer en la televisión presentándose con su nueva identidad para todo aquel que le vea.
  Azul nunca había estado en la televisión. Desde hace un tiempo, todos los programas de esta habían pasado a ser los que la mayoría de ciudadanos querían ver, y no lo que debía ser. Es decir, los programas necesarios como las noticias habían sido sustituidos por programas en los que un grupo de personas normalmente de carácter excéntrico se reunían para discutir sobre cualquier cosa, como personas completamente incivilizadas, programas en los que no discutían sobre algo útil, sino sobre cualquier cosa, y azul tenía que conseguir aparecer en uno.
  Por suerte para él, Víctor no era necesario en su presentación, así que por lo menos no será acusado de secuestro todavía, claro está, si encuentra un lugar seguro para él mientras aparece en la tele.
  Para los demás, Azul ya no iba a ser una persona anónima, ahora todos le conocerían por otro nombre, y por otra forma de ser. Otra cosa de la que El Director se había encargado de proporcionarle. Por lo visto, antes de aparecer en la televisión Azul debía recoger un paquete en correos, a su nombre falso, para disponer de lo último de le falta. El nuevo aspecto de su nuevo yo.
   Caminando sin coche se acercó hacia la oficina de correos más cercana que había, que le pillaba cerca de los estudios de televisión. Cuando recogiese el paquete, tenía que aparecer en televisión en menos de 24h o El Director se encargaría de cambiar de protagonista.
   Cuando llegaba a la oficina, Azul se sobresaltó cuando vio que salía de ella el extraño que visitó su casa hace apenas unas horas, pero por suerte para él se alejaba en otra dirección…

   

martes, 5 de agosto de 2014

Cap 9. El Juego de la vida

-No hay tiempo para presentaciones, ven conmigo, puedo ayudarte - respondió la mujer que había trucado a la ventanilla del deportivo.¡Hoy no voy a tener una noche tranquila!, pensó para si mismo Azul. Recogió con una mano al pequeño Víctor y con la otra se dispuso a abrir la puerta del vehículo, pero esta parecía no querer contribuir a facilitar las cosas en este día tan extraño. No tuvo tiempo para pensar en como abrir la puerta ya que al instante oyó un ruido de cristales rotos proveniente de la ventanilla del copiloto, y al asomarse vio como la mujer había roto el cristal con un codo y le decía que saliese de una vez. Azul no sabía si confiar en esta chica o no, estaba convencido de conocerla de alguna parte, pero eso ahora no le importaba, al menos era la primera persona que le ofrecía ayuda directamente en todo el día. Sin pensárselo más le paso al niño para que lo sacara primero y poco a poco fue retorciéndose para salir del coche que le atrapaba. Cuando finalmente cayó al suelo vio que su nueva acompañante corría hacia un todoterreno haciéndole señas de que se apresurara y, así que Azul corrió detrás de esta y se montó en el coche.Qué estabas pensando para conducir un deportivo de esas maneras, sin un rumbo fijo y con el niño más buscado en toda la ciudad?
-¿Yo...?-Intentó explicarse Azul.-Sé que no lo has hecho por tu voluntad, y también conozco el lío en el que te has metido sin saberlo, porque El Director te ha elegido como conejillo de indias para su siguiente broma y ya sabes lo que eso significa para ti.¡El Director!, el villano de moda en la ciudad, elegía víctimas aleatorias para sus pruebas y si estas no conseguían su objetivo en un día desaparecían sin dejar rastro, algo que para nada quería Azul. Cómo podía no haber caído en la cuenta antes de que estaba participando en un perverso juego del villano? No obstante estaba de suerte, pues la mujer a la que había visto antes debía ser Luna, creadora del grupo "Rayo de Esperanza", formada por unos pocos miembros anónimos que intentaban detener los juegos del Director.
- Tienes suerte de haberme encontrado, pues vamos a ayudarte, sin embargo vas a tener que seguirle el juego al Director al menos durante un tiempo, estamos muy cerca de él y 
quizás puedas ser de ayuda a toda la ciudad. Te seguiremos desde las sombras pero necesitamos que seas valiente y continúes el juego como si no nos hubiésemos encontrado.
Azul barajeo sus opciones, podía intentar escapar del juego, cosa que aún nadie había conseguido, o podía por el contrario seguirlo como si nada, elección que no le apetecía para nada, pero no parecía tener alternativa.
- Creo que deberé intentarlo -, dijo Azul ocultando sus temores.
- Bien, tendrás que bajarte aquí y seguir las indicaciones que te dieron, recuerda, estaremos a tú lado.
Otra vez solo, otra vez con 
Víctor bajo la lluvia, pero al menos ahora sabía lo que ocurría, y sabía que contaba con ayuda, ahora solo le quedaba desplegar la nota y seguir sus instrucciones durante el resto de la noche... y de la mañana siguiente.

miércoles, 30 de julio de 2014

Cap 8: Corriendo en primera

Llaves del coche, documentos, su teléfono móvil, el teléfono que había aparecido misteriosamente en su cajón, dinero y un paquete de cigarrillos fue la lista de cosas que Azul recogió frenéticamente de su piso. Y por supuesto estaba Victor. Tras correr escaleras abajo se abalanzó hacia la calle y se dio cuenta de que se había vuelto a olvidar del paraguas. 
-¡Demonios! Ahora no voy a volver a subir a por él. Tendré que mojarme.
Tras mirar unos instantes la calle que recorría todos los días, encontró un coche que no había visto nunca allí y que por la respuesta que le dio a las llaves que llevaba, debía ser su nuevo vehículo. 

Días después, el sargento Calhoun de la policía se preguntaría qué hacía una pistola nueve milímetros encima de la cama del piso destrozado del señor Azul. Nadie en el bloque de pisos sabría qué contestarle a esa pregunta.

Azul llevaba unos minutos conduciendo cuando se dio cuenta de la estupidez de su situación. Estaba huyendo de dios sabe quién, con un niño que no era suyo y que cualquiera que hubiera leído los periódicos podría reconocer (y que por cierto no paraba de llorar), en un coche probablemente robado (¿alguien incluso se había tomado la molestia de instalarle una sillita de bebés?). Para colmo era imposible que pasase desapercibido un deportivo de color amarillo chillón que rugía como un millar de demonios cabreados (aunque hay que admitir que esto posiblemente se debiera a las escasas dotes de conducción de Azul que no había pasado de primera marcha en todo el trayecto).

Después de pasar por los estados de miedo, confusión e ira, ya estaba listo para decidir qué hacer. Aparcó en frente de una vieja tienda de jardinería en la que nunca había entrado porque no le atraían esas cosas.  El señor Rojo le había dicho que Azul ya no existía, pero eso no tenía sentido ya que él se seguía sintiendo Azul. Aunque esto ya era una razón para dudar de todo lo que le había dicho, se acordó de que también tenía unas instrucciones que le dirían qué hacer a continuación. Antes de poder ver qué había en el sobre, se sobresaltó cuando una mujer golpeó la ventanilla de su coche. Lo único que se le ocurrió decir a Azul fue:

-Yo te conozco…

Ronda 1

Hola de nuevo a todos los que habéis participado en la primera ronda del Plan C. Después de un mes contando la historia de Azul, ya hemos tenido la oportunidad de continuar con la trama todos los que estamos suscritos a este proyecto. Ya conocemos un poco mejor a nuestro protagonista y ya le hemos metido entre todos en un problema bastante gordo (ya veremos cómo sale de esta). Y por ello quiero daros las gracias. En cuanto haya publicado esta entrada mandaré también mi continuación de la historia y la trama seguirá...¡Fuera del piso de Azul!

Por otra parte, quería comentar muy rápidamente un par de cambios que va a haber en el blog. En primer lugar, hasta ahora los turnos se han ido sucediendo por orden de suscripción (más o menos). A partir de ahora la selección del siguiente escritor se va a hacer de manera aleatoria, aunque manteniendo el sistema de rondas que perita que todo el mundo tenga las mismas oportunidades de participar. No hay que preocuparse, ya que seguiré avisando con más de una semana de tiempo.
En segundo lugar, querría animaros a que escribáis vuestras ideas y opiniones en los comentarios. ¿Te gustaría que hubiera un sistema de puntos para competir entre los escritores? Ponlo en los comentarios. ¿Te gustaría que se permitiese la colaboración de varios escritores que no se conocen para una misma entrega? Ponlo en los comentarios. ¿Te gustaría que regalásemos una camiseta exclusiva del Plan C a los participantes? No lo pongas en los comentarios porque no va a pasar. Pero cualquier otra idea, por loca que sea, no te la calles... compártela con los demás y así trataremos de mejorar el blog.
Por último quisiera animar una vez más a apuntarse todo el mundo. Cuantos más seamos, más creativa y loca será la historia. Así que invitad a vuestra madre, a vuestro primo, a vuestra novia y a vuestros amigos...
Un saludo desde Jaca y nos vemos en el Plan C

domingo, 27 de julio de 2014

Cap. 7: Trapecista

Entrega del Plan C de Adrián Jarne:

Aunque no hubiese tenido buen oído, Azul podría haber escuchado perfectamente los pasos que provenían de la escalera. Sin todavía creerse lo que le estaba sucediendo, porque uno no descubre un bebé en su casa todos los días, cogió rápidamente la documentación del cajón con las instrucciones, el arma, las llaves del coche y el teléfono móvil. Cogió al bebé con la mano izquierda, mientras con la derecha llevaba el arma, esperando con todo su ser no tener que utilizarla y que en tal caso estuviese cargada.

  Azul se dirigió a la puerta y observó por la mirilla quién era capaz de armar semejante estruendo. Alguien con una gabardina y un sombrero ancho apareció en el rellano de las escaleras. Azul se sorprendió de ver que su gabardina no estaba mojada, puesto que fuera había una tormenta realmente grande.
  Una vez llego frente a la puerta de Azul, se detuvo y miró el número. Posteriormente llamó a la puerta. Azul se encontraba totalmente fuera de sí. ¿Quién llamaba a su puerta?¿Por qué todo esto le pasaba a él?¿No podía simplemente tener un día normal, con su rutina?. No se lo pensó dos veces y se alejó de la puerta. Al no obtener respuesta, el desconocido se puso a golpear la puerta. Seguramente en un abrir y cerrar de ojos la puerta estaría en el suelo, así que Azul reaccionó lo más rápido que pudo, salió por la ventana abierta del cuarto de baño guardándose la pistola, y se quedó en el Alféizar.
 Por suerte, era lo suficientemente ancho como para poder mantenerse en pie. Por desgracia, era lo suficientemente estrecho como para que al más mínimo error se precipitase al vacío, y eso es algo que con la molesta lluvia no ayudaba. Así pues, se armo de valor y trató de avanzar hasta la esquina del edificio, si llegaba, podría sentarse en el borde. Cuando apenas llevaba medio metro tropezó por primera vez. Callo de costado mirando hacia el borde, y agarró el bebé con todas sus fuerzas para que no se cayera al vacío.
  El desconocido tiró la puerta y entró en la casa. Por lo que podía oír Azul, estaba abriendo todo tipo de armarios y recorriéndose la casa. Tal vez buscaba a algo, o a alguien… Por suerte para Azul, no se dio cuenta de que la ventana estaba abierta, y abandonó el lugar antes de descubrirle.

  Al incorporarse, tropezó por segunda vez. Esta vez se quedo sentado pegado con la espalda a la pared. De nuevo agarró al bebé lo suficiente como para que no sucediera ninguna tragedia, pero cuando le miró, se dio cuenta de que un pequeño paquetito se había caído de las mantas que cubrían al bebé. Al caer al suelo no pareció romperse. Azul entró empapado en el cuarto de baño. Dejó el bebé y miró por la ventana. Justo en ese momento, el desconocido de la gabardina y el sombrero lo recogía del suelo. Azul vio como se montaba en un coche rojo antes de irse. En ese momento, se dio cuenta de que realmente no tenía ninguna garantía de a dónde iba a llegar con el bebé.